Circuito Grande de Bariloche: ¿Cuál es el mejor recorrido?

Circuito Grande de Bariloche: ¿Cuál es el mejor recorrido?

El Circuito Grande de Bariloche es uno de los recorridos más hermosos de la región, y uno de los más completos para conocer la esencia patagónica. Su nombre se debe a que, a diferencia del famoso Circuito Chico, éste abarca unos 250 kilómetros. En rigor, se lo toma porque combina miradores extraordinarios y acercamientos a pueblos cordilleranos, lagos y muchos otros atractivos. Sin dudas, es uno de los caminos más bonitos de la Ruta Nacional 40. Y uno de los más sencillos, ya que es un circuito circular: empieza y termina en San Carlos de Bariloche. Ahora bien, ¿dónde empieza y dónde termina? ¿Cuál es la mejor manera de hacerlo? Lo desglosamos en esta nota.

Según las indicaciones de la Secretaría de Turismo local, el Circuito Grande de Bariloche empieza y termina de la siguiente manera:

  • Inicio: San Carlos de Bariloche (generalmente desde el centro o desde la Av. Bustillo, hacia el oeste).
  • Recorrido: Bariloche, Villa Llao Llao, Colonia Suiza, Península de Puerto Villegas, Confluencia, Villa Traful, Villa La Angostura, Ruta de los Siete Lagos y regreso a Bariloche.
  • Fin: San Carlos de Bariloche (mismo punto de partida).

El circuito grande de Bariloche demora entre 8 y 10 horas, si se lo realiza con descansos y paradas en los principales atractivos. A continuación, te contamos cuáles son y por qué merecen la pena conocerlos.

Cómo hacer el Circuito Grande de Bariloche

Si la duda es cómo hacer este circuito sin contar con un auto o vehículo propio, la respuesta es con una excursión segura y completa. La excursión de Circuito Chico hasta Villa La Angostura de Bariloche Tours propone 10 horas para atravesar el camino indicado anteriormente desde la ciudad de Bariloche hasta Villa La Angostura, pasando por el Anfiteatro del río Limay, el encantador Valle Encantado y el cruce de los ríos Traful y Limay.

 Esta posibilidad es excelente además porque incluye el traslado desde tu alojamiento, guías expertos que van a ofrecerte detalles de cada región, paradas para hacer fotos en puntos estratégicos, y tiempo para pasear en Villa La Angostura. Aunque el almuerzo no está incluido, podés disfrutar de la variada oferta de restaurantes que hay en los pueblos y ciudades, y al final del día, vas a volver con muchos recuerdos encantadores.

El Circuito Grande es una síntesis del sur argentino. Para quienes visitan Bariloche por primera vez, es una forma ideal de comprender la magnitud del Parque Nacional Nahuel Huapi; para quienes regresan, es una oportunidad de reencontrarse con una Patagonia vasta, silenciosa y siempre distinta.

Península de Llao Llao: el comienzo del circuito

El recorrido suele iniciarse desde la avenida Bustillo, en dirección oeste, donde rápidamente aparece el paisaje emblemático de Bariloche: la península de Llao Llao, abrazada por los lagos Moreno y Nahuel Huapi. En este primer tramo se aprecian los bosques de coihues, cipreses y arrayanes, y las vistas recortadas de las montañas López, Capilla y Millaqueo. También se aprecia el emblemático Hotel Llao Llao, en el cual se alojan desde figuras presidenciales hasta estrellas internacionales. Las bahías tranquilas con aguas azules y embarcaciones que salen de Puerto Pañuelo hacia Isla Victoria y el Bosque de Arrayanes completan la imagen.

Colonia Suiza

Desviándose por la ruta provincial 79, a pocos minutos de Llao Llao, aparece Colonia Suiza, uno de los rincones con identidad propia dentro de Bariloche. Fundada a fines del siglo XIX por familias provenientes del Valais suizo, este rincón mantiene una estética alpina que se reconoce en la arquitectura de madera, los jardines floridos y la organización comunitaria.

Al llegar se pueden recorrer sus callecitas y pasear por las ferias de artesanos, probar productos regionales, y presenciar el curanto, un método de cocción mapuche-huilliche que fue adoptado por los colonos y que se cocina en un pozo con piedras calientes. La ceremonia atrae a turistas durante todo el año y forma parte del patrimonio cultural de la zona. Colonia Suiza es también un acceso a senderos cortos y miradores naturales, ideales para quienes buscan combinar tradición y naturaleza.

El valle del río Limay

Al retomar la ruta nacional 231 con dirección noreste, se deja atrás la exuberancia forestal característica de Bariloche y se encuentra con la estepa patagónica. Es un cambio abrupto que sorprende: en pocos kilómetros, el verde húmedo se transforma en tonos ocres, formaciones rocosas y un ambiente más seco. Acá aparece el valle del río Limay, uno de los paisajes más fotografiados del Circuito Grande.

El Limay serpentea entre barrancas y cañadones, y su color —a veces turquesa, otras veces esmeralda— contrasta con la aridez de la estepa. El Anfiteatro, una formación rocosa semicircular, es una parada obligada para contemplar cómo el viento y la erosión moldearon las paredes de piedra por años hasta convertirlo en lo que es. Las formas caprichosas y los juegos de luz en distintos momentos del día convierten al valle en un escenario siempre distinto.

A lo largo de este tramo, se encuentran varios miradores señalizados y áreas donde es posible frenar para tomar fotos, caminar unos minutos o simplemente disfrutar del silencio. Para quienes viajan con tiempo, el valle ofrece oportunidades para el avistaje de aves, la pesca deportiva y pequeñas caminatas hacia miradores naturales.

Confluencia

El nombre Confluencia alude al punto donde se unen los ríos Traful y Limay, un punto de enorme belleza paisajística y de valor ecológico. La mezcla de ambas corrientes genera un espectáculo visual que cambia según la época del año, el caudal y la luz. Este sector marca un punto de inflexión en el recorrido: desde acá, la ruta vuelve a internarse en la zona boscosa camino a Villa Traful.

Durante el trayecto se observan cerros, paredones de piedra y playas de canto rodado. Por esto y más el cruce conocido como Confluencia es un destino apreciado por fotógrafos y viajeros que buscan rincones menos frecuentados. También es un tesoro para los pescadores, que aprovechan la variedad de los ríos patagónicos. Es también un buen lugar para hacer una pausa tranquila antes de continuar hacia uno de los pueblos más encantadores del circuito.

Villa Traful

Tras ingresar nuevamente en el parque nacional, la ruta se vuelve más sinuosa y se rodea de bosques densos hasta llegar a Villa Traful, un pueblito que está a orillas del lago del mismo nombre. Por sus casas de montaña, su ritmo pausado, y su ambiente familiar, Traful es conocido como un destino de lujo y descanso para quienes buscan naturaleza en estado puro.

El gran atractivo es el Mirador del Traful, una pasarela construida sobre un a cantilado de más de 70 metros de altura que ofrece una vista panorámica del lago y las montañas circundantes. Desde este punto, el azul profundo del lago se combina con la textura de los bosques nativos y la presencia imponente de los acantilados. Otro atractivo indiscutido es el Bosque Sumergido, un conjunto de árboles petrificados bajo el agua que puede apreciarse en excursiones lacustres o practicando buceo.

Villa Traful además cuenta con playas preciosas para refrescarse durante el verano, o para practicar kayak y buceo. También cuenta con senderos sencillos para explorar de forma autónoma, y propuestas gastronómicas que rescatan productos locales como la trucha, los frutos rojos y la cerveza artesanal. Es un lugar ideal para detenerse a almorzar o pasar unas horas explorando.

La ruta de los Siete Lagos

Desde Traful, el Circuito Grande continúa hacia el norte y se une con la Ruta Nacional 40, en uno de sus segmentos más célebres: la Ruta de los Siete Lagos. Este camino, considerado uno de los más lindos del país, conecta lagos cristalinos, miradores elevados y bosques de coihues, lengas y ñires. Los lagos Correntoso, Espejo, Falkner, Villarino, Machónico, Lácar y Escondido dibujan un recorrido impresionante de colores, aromas y sensaciones.

Villa La Angostura

El circuito llega luego a Villa La Angostura, uno de los pueblos más elegantes y prolijos de la Patagonia. Sus dos bahías principales, Bahía Brava y Bahía Mansa, ofrecen aguas calmas, muelles fotogénicos y vistas al Nahuel Huapi que cambian según la hora del día. Desde el puerto, parten excursiones al Bosque de Arrayanes, un sitio único en el mundo por la concentración de estos árboles de corteza canela.

La Angostura también invita a recorrer su centro, disfrutar de chocolaterías, cervecerías artesanales y restaurantes que trabajan con productos regionales. Es un punto perfecto para descansar después de varias horas de camino antes de retomar la ruta hacia Bariloche.

El tramo final del Circuito Grande sigue por la RN 40 y la RN 237, bordeando nuevamente el Nahuel Huapi y retornando poco a poco al paisaje más conocido de Bariloche.